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Malka Chana Roth Z"L 1985-2001

Un Mensaje para Europa

[Un discurso ante una delegación visitante de Parlamentarios Europeos en Jerusalén, 12 de Diciembre de 2004]

Arnold Roth

Click for larger image - Roth addresses Med Bridge delegatesEl mundo está dividido en dos campos. De un lado están aquellas personas que ven el terrorismo como una alerta de peligro por delante. Si no se hace algo, dicen ellos, puede suceder una catástrofe. Del otro lado están esas personas cuyas vidas se han volteado de arriba a abajo, para nunca ser otra vez las mismas, porque el terrorismo las ha golpeado, ha caído sobre ellas, ha traído catástrofe a ellas.

Quiero tomar unos pocos minutos mirando las diferencias entre estos dos campos, y sugerir algunas razones por las que a cada campo le parece tan difícil entender el otro.

¿Con qué derecho hablo yo? Soy una persona profesional, un hombre que está en sus cincuenta, educado, informado, con calificaciones respetables. Aún así, no tengo ninguna posición académica y ningún oficio público. No albergo absolutamente ninguna ambición política y no tomo parte en el debate público. De las diferentes maneras que hay para definirme, la que yo prefiero –la que mejor representa lo que soy y lo que hago– es que yo soy un esposo y un padre.

Llevé mi familia a Israel en 1988 no porque Australia fuera un lugar miserable y no porque mi esposa y yo no pudiéramos ganar para vivir. La verdad es todo lo contrario. Vinimos a Israel a pesar de la comodidad y la vida placentera en Melbourne. Allí, ganábamos para vivir bien, vivíamos en una casa hermosa, teníamos amigos, nos sentíamos seguros y estábamos seguros. Nos trasladamos a Israel para levantar nuestros hijos aquí porque este es el hogar histórico del pueblo Judío, el lugar correcto para que los Judíos estén. Nuestros padres y abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, soñaron con hacer esto pero no pudieron. Nosotros pudimos, y por consiguiente lo hicimos.

Click for larger image - Jose Maria Aznar and Arnold RothCada cosa en nuestras vidas cambió para siempre cuando Malki, nuestra hija del medio, una preciosa niña de quince años con una sonrisa constante en su bello rostro, fue asesinada el 9 de Agosto del 2001. Malki murió como más de otros mil Israelitas en los últimos cuatro años –inocente y sin preparación. Ella no fue cogida en el fuego cruzado de alguna batalla. Ella no era una espectadora. Ella fue asesinada con otros catorce Israelitas en un restaurante al medio día, en medio de esta ciudad. Las mujeres y los niños que estaban en ese restaurante pizzería en una cálida tarde de vacaciones escolares, eran el blanco real. Los terroristas que planearon la masacre recibieron órdenes de un pediatra y de un ministro de religión en silla de ruedas. Ellos escogieron su blanco con especial cuidado. El bombardero era el hijo de una prestante familia dueña de tierras. Los otros miembros de la pandilla eran principalmente educados en universidad y muy viajados. Llamarlos ‘desesperados’, como muchos periodistas lo han hecho, es desviar completamente el significado de la palabra ‘desesperado’.

El día en que el gozo de la vida se volvió cenizas para mi familia y para mi, los hombres y las mujeres en las villas cercanas a donde estamos sentados en este momento, bailaban en las calles y repartían dulces a sus niños. Tenemos las fotografías.

Hace un momento dije que yo no tomo parte en debates públicos, pero esto ya no es cierto. El asesinato de mi hija y la confusión e ignorancia que hemos visto alrededor de nosotros, nos han impuesto a mi esposa y a mí a alzar nuestra voz y a hablar y a escribir en cada oportunidad. Nosotros solíamos ser la gente más reservada. Ahora sentimos una urgente necesidad de hablar alto. Tratamos de dar forma a ideas abstractas para la gente para que ellos puedan entenderlas. Tratamos de darle expresión a la agonía y a la miseria de las familias desesperadas que están alrededor de nosotros –las familias Israelitas, desesperadas... por paz.

Si, como yo, ustedes están listos para sentarse y para escuchar a las familias Israelitas que han experimentado el asesinato en manos de los bárbaros, yo puedo contarles a ustedes lo que van a escuchar. Como casi todos los Israelitas que yo he conocido, las familias víctimas del terror quieren ver a los Árabes Palestinos vivir vidas productivas, viajar con seguridad, obtener una buena educación para sus hijos, hacer dinero, recibir buen servicio médico. La miserable realidad de sus vidas diarias está lejos de lo que nosotros les deseamos –y esto no trae absolutamente nada de felicidad o de comodidad a nuestro lado. Todo lo contrario. La lucha entre ellos y nosotros la cual es simétrica en muchos aspectos, también es asimétrica en este punto. Si tan solo ellos se sintieran protectores de sus logros, si tan solo ellos sintieran que tienen algo que perder, si tan solo pudieran experimentar el orgullo de un Árabe Palestino ganador de un Premio Nóbel de física o de literatura...

Cuarenta años de un régimen corrupto e incompetente ha asegurado que no haya casi nada de valor que ellos puedan perder.

En cambio, nosotros los Israelitas hoy estamos obligados a hacer frente al legado del día a día real del régimen de Arafat y sus líderes cleptocráticos: las docenas de hombres torcidos que han crecido con opulencia sobre la espalda de la miseria de su gente; los maestros de religión que se han apoderado una noble fe y la han convertido en una parodia trágica; los niños y niñas adolescentes levantados sobre la base de una dieta de odio racista y de la glorificación de la violencia y la auto-destrucción.

En 1977 el gran analista político Walter Laqueur escribió esto: “Las disputas sobre una definición detallada y comprensiva de terrorismo continuarán por mucho tiempo; ellas no darán como resultado un consenso y no harán una contribución notable hacia el entendimiento del terrorismo.”

Él tenía toda la razón. Las Naciones Unidas a través de sus muchas agencias todavía no han encontrado la forma de ponerse de acuerdo en una definición de terror. Pero el terrorismo, como la pornografía con la que éste comparte algunas características, es difícil de definir pero no tan difícil de reconocer cuando tú lo conoces.

El odio y el barbarismo de los terroristas no son un componente del esfuerzo político entre Israelíes y Árabes. Ellos son políticos externos, más allá de ese esfuerzo y grandemente desconectados de él. El terrorismo es absolutamente malo. Si la fuerza necesaria y suficiente no lo para, ni se evaporará ni se desmoronará. Crecerá, y cambiará de forma, y se expandirá y se difundirá. No puede apaciguarse y no debe comprenderse. Sufrimos de un exceso de comprensión, cuyo precio es vidas humanas. Una fuerza que deliberadamente puede tomar como objetivo la cabeza de un niño y disparar, una fuerza que puede plantar una bomba en un restaurante pizzería, o en una estación de tren, o en un avión de pasajeros o en un jardín infantil, es una fuerza del infierno.

Yo fui criado por padres que sabían acerca del Infierno. Mi padre, quien murió antes de que Malki naciera, creció en el campo de muerte de Auschwitz. Mi madre hoy vive en tranquilo retiro en Australia, pero ella también estuvo allá. Un mes después de su cumpleaños número quince, la pequeña población Polaca de mi madre fue infestada por fuerzas Nazis y el padre de ella, mi abuelo, fue arrestado por el usual crimen de ser Judío. Antes de que se lo llevaran a él, mi madre se tiró a los pies de un soldado Alemán y clamó misericordia. De alguna manera, esto funcionó; su padre fue liberado y la familia permaneció junta por varios meses más. Mis abuelos, así como los abuelos de todos los amigos con los que crecí, eventualmente fueron asesinados. Mis padres, así como todos los refugiados Judíos que vinieron a Australia después de la segunda guerra mundial, llegaron sin nada –sin padres, sin propiedad, sin educación. Pero ellos trajeron consigo un poderoso sentido de historia – de su propia historia, y de la historia del pueblo Judío. Ellos establecieron escuelas, sinagogas, agencias de bienestar social, clubes deportivos. Crearon una nueva vida. Encontraron dentro de ellos mismos, recursos de amor y preocupación y apoyo mutuos.

Aunque el perfil de sus vidas fue marcado por su experiencia como supervivientes del Holocausto, el odio fue desconocido en la vida que ellos hicieron para mí y para mi generación. Ellos simplemente no tuvieron tiempo para odiar –estaban ocupados construyendo un futuro para ellos mismos, para sus hijos y para su comunidad. Este éxito, creo yo, fue su revancha contra los Nazis.

Yo mencioné la experiencia de mi madre cuando ella tenía quince años. En 1967, yo tenía quince años. Recuerdo ver a mis padres y a sus amigos a medida que ellos crecían profundamente recelosos con Gamal Abdel Nasser y su amenaza abierta de tirar a todos los Judíos de Israel al mar y destruir el joven estado Judío. Por primera vez en mi vida, pude ver que había gente lista para aniquilar a los Judíos. Y pude ver que había otros como U That, el entonces secretario general de las Naciones Unidas, que debía haber bloqueado la agresión de Nasser pero que decidió no hacerlo. Arafat ya estaba en el panorama, a propósito –él se había convertido en la cabeza de la OLP en 1964 cuando el número de asentamientos Israelitas y de puntos de inspección del ejército Israelí era, por supuesto, cero. Todo esto me dio una profunda impresión. Luego, la guerra estalló, una Guerra de Seis Días como resultó, e Israel se salvó. Para mí, la distancia entre Jerusalén y Melbourne se hizo muy pequeña desde ese momento en adelante.

Muchos de nosotros en este salón somos padres. Sabemos que los quince son una edad temprana. A los quince, tenemos algunas de nuestras ideas básicas y el perfil general de nuestra personalidad está en su lugar. Pero aún tenemos mucho por hacer. Malki, mi hija, nunca llegará a su cumpleaños dieciséis. Nosotros honramos su memoria mediante un fondo llamado la Fundación Malki. Como la misma Malki, la fundación da apoyo a familias que están cuidando en casa de niños severamente inhabilitados. Nuestra fundación ya ha logrado apoyar cientos de tales familias –Drusas, Cristianas, Musulmanas, Judías. Así como mi hija, este trabajo no tiene carácter político. Su objetivo es dar algo de luz, algo de felicidad a las vidas de gente común y corriente que enfrentan un reto extraordinario.

Hace un año tuve el gran privilegio de hablar al primer grupo Med Bridge en Jerusalén. Me presenté a los 170 distinguidos políticos y parlamentarios como alguien que no está para nada involucrado en el proceso político –de hecho, como alguien que trata de mantenerse a sí mismo y a su familia tan distante como sea posible de la política y de los políticos. Por favor disculpen mi franqueza. Yo no estoy entre aquellos que buscan la verdad entre los políticos, porque prefiero conseguir mis decepciones en algún otro sitio.

Hablé entonces acerca de cómo la vida puede lucir muy diferente dependiendo de si tú estás sentado sobre tu sofá viendo las noticias en televisión, o parado al otro lado –viviendo las noticias. Los tres años que han pasado desde que mi hija murió a manos de terroristas, me han enseñado qué tan diferente son esas dos experiencias –cuán poca información da los medios de noticias acerca de las víctimas del terrorismo. La frustración, la soledad, el dolor.

Desde el año en que el primer grupo Med Bridge vino a Jerusalén, yo he conocido docenas de periodistas y mi entendimiento de cómo ellos hacen su trabajo se ha vuelto un poco más profundo y más amplio. Las preguntas que yo tenía entonces, aún las tengo. Tengo algunas preguntas adicionales. Estoy confundido por cómo un reportero de un periódico serio o un periodista de un canal de televisión importante puede llegar al Aeropuerto Ben Gurion sin saber casi nada acerca de la historia de los lados Israelí y Árabe en este conflicto terriblemente largo. A mí me han hecho preguntas en las que para mí es claro que la persona que sostiene el micrófono casi no tiene la habilidad para entender el contexto de los eventos a reportar. El contexto es una cosa importante. Sin él, casi nada tiene sentido.

Hay muchas otras cosas acerca del trabajo de los periodistas, editores de películas y otros profesionales del medio que me confunden completamente. De hecho, no era claro para mí qué tan grandes eran las preguntas que la gente informada tiene acerca de los medios hasta que yo mismo me encontré siendo parte de las noticias.

A principios de este año, tres amigos y yo fuimos a una conferencia en Europa. Esta fue la primera conferencia de víctimas del terror. Cientos de gente estaban en el salón cuando llegamos –representando al país anfitrión, otros países Europeos, los Estados Unidos, Latino América, África del Norte. Unas semanas antes, los organizadores nos notificaron que los ciudadanos de Israel podríamos formar parte de esta conferencia siempre y cuando pagáramos la cuota de admisión y nos sentáramos calladamente en la audiencia. Pero como Israelitas, no se nos permitiría hablar desde la plataforma, y que no se daría ningún paso para dar reconocimiento oficial a un contingente Israelí en la conferencia. En palabras sencillas, el mensaje era “por favor, no vengan”. Así que por supuesto, nosotros fuimos.

Unos pocos minutos antes de empezar la conferencia, uno de los funcionarios del gobierno de ese país, un amigo de Israel, se me aproximó y me preguntó si a mí me gustaría hablar en el panel de apertura. Aunque yo no estaba preparado, dije “por supuesto” y ahí fue cuando me enteré que en ese salón estaban, en ese preciso momento, en la conferencia de víctimas del terror, tres huéspedes especiales –los embajadores de Siria, Irán y Palestina. Pero los organizadores no querían una presencia oficial Israelí. La historia es larga, pero la haré corta. Desde el panel, hablé acerca de la experiencia personal de víctimas del terror e inmediatamente fue claro que muchas de las viudas y huérfanos en esa audiencia sabían exactamente lo que yo estaba describiendo. Cientos de personas hablaron con mis tres amigos Israelitas y conmigo, todos nosotros llevábamos puestos pequeñas insignias con la bandera Israelí en nuestra ropa. Al final de la conferencia, nos encontramos por casualidad con algunos funcionarios del ministerio de asuntos exteriores del país anfitrión, y en nuestra amable costumbre Israelí, explicamos lo desconcertante que fue realmente para nosotros saber que ellos se proponían hacernos sentir personas no gratas en la conferencia y a pesar de esto, encontramos una tremenda solidaridad entre los participantes.

La respuesta fue –por favor vengan a nuestro ministerio de asuntos exteriores mañana y tendremos una conversación. Así lo hicimos, y en esta forma conocimos a algunos de los altos funcionarios del ministerio de asuntos exteriores incluyendo al ministro diputado. Este grupo de dignatarios nos explicó que mientras hay auténtico terrorismo en Europa, en los Estados Unidos, en Latino América, nosotros en Israel debemos reconocer que el nuestro es realmente un conflicto político, y la solución debe ser una solución política. Uno de mis amigos Israelitas objetó a esto, y expresó algunas fuertes palabras personales, no muy correctas políticamente, acerca de la amplia amenaza a Europa del Islam radical. Mi impresión es que sus comentarios fueron echados a un lado o no se oyeron. Tres semanas más tarde, la mayoría de las personas con quien nos conocimos en ese ministerio de asuntos exteriores ya no tenían un trabajo. Madrid, la capital de España y el anfitrión de nuestra conferencia, descubrió en la forma más difícil posible, que el terrorismo puede tomar muchas formas. Yo fui invitado otra vez a una segunda conferencia Española la cual tuvo lugar en Junio. Esta vez, me pidieron hablar como un Israelí. Muchas cosas han cambiado para los Españoles desde Marzo 11.

Su misión, como participantes de MedBridge, como líderes políticos preocupados por crear un mundo mejor para la gente del Medio Oriente, es complicada –y yo les deseo el mayor éxito posible. La misión de mi esposa y mía, y de cientos de otras familias Israelíes, como gente que quiere continuar viviendo después de que nuestro hijo o esposo o esposa o padre o hermano o hermana haya sido asesinado por terroristas, también es complicada. Queremos mirar hacia el futuro, pero solamente podemos hacer esto mediante la comprensión del presente y el aprendizaje del pasado.

Hay, como estoy seguro que ustedes ya saben, un sentido bien desarrollado de historia entre nosotros los israelitas. Nosotros volteamos hacia la historia cuando queremos entender quiénes somos, a dónde pertenecemos, qué podemos esperar de otros. Menciono esto, para cerrar, porque queremos compartir con ustedes el extremo dolor que yo –nosotros– siento cuando leemos acerca de ciertos desarrollos recientes en la sociedad Europea.

La semana pasada, una encuesta Alemana de Alemanes nacidos Alemanes, encontró que más de la mitad cree que no hay diferencia entre el tratamiento actual de Israel de los Árabes Palestinos y lo que hicieron los Nazis a los Judíos. 68 por ciento de los Alemanes creen que Israel está haciendo es una “guerra de exterminio” contra los Palestinos. Yo podría dar a ustedes mi teoría de cómo los medios en Alemania, en Europa y casi en todas partes contribuyen a la ignorancia de la realidad Israelí. Podría contarles a ustedes cómo los periodistas crean, y al mismo tiempo son el resultado de, una ignorancia casi total de lo que fue el Holocausto. Pero si yo hiciera eso, también tendría que señalarles a ustedes que Alemania resulta ser uno de los países en Europa en donde ellos si hacen esfuerzos serios por entender el Holocausto y la verdad del conflicto Israelí-Palestino. Y todavía ellos no comparten nuestro sentido de que Israel ha estado peleando una larga guerra defensiva de supervivencia contra un enemigo que quiere limpiar étnicamente a los Judíos de la histórica tierra natal de ellos por un siglo.

También la semana pasada, la BBC publicó una encuesta que mostraba que escasamente una tercera parte de la gente joven en la Gran Bretaña ha escuchado el nombre de Auschwitz y no saben qué es, dónde es o qué sucedió allá.

Hace un momento yo hablé de mis experiencias en España. Un filósofo nacido en España, George Santayana, quien murió en el año en que yo nací, escribió esto: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.” Creo que esta frase lleva consigo una gran parte de sabiduría. Mi hija no pertenece al pasado –al menos, no cuando nos sentamos juntos alrededor de la mesa del Sabbath y disfrutamos la compañía del otro en nuestra familia. Sentimos su presencia. Sentimos su ausencia. Estamos decididos a hacer cualquier cosa que podamos para que su memoria permanezca, para que ella nunca llegue a ser solo otra estadística.

Como familia, como sociedad, estamos en un perpetuo esfuerzo por recordar el pasado, para mantener una visión de un futuro mejor, y para hacer todo lo que podamos para que los niños de quince años junto con su bondad y sus sueños –niños de ambos lados del triste conflicto aquí en esta tierra- puedan crecer hacia una adultez productiva, libres del curso del odio y del terror.

Que el trabajo de ustedes sea bendecido.

Derechos reservados © 2004 The Malki Foundation (www.kerenmalki.org) y Arnold Roth.

Para mayor información acerca del trabajo de la Fundación Malki, por favor visite www.kerenmalki.org Si sus amigos quieren unirse a esta Lista de Correspondencia, deberán simplemente enviar un mensaje de correo electrónico en blanco a malkifoundation-subscribe@topica.com


A modified form of this speech by Arnold Roth in the English language can be found here

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